Estado Apure - Venezuela

 

 

 

“Mi Sangre…

Derramada por vosotros y por muchos”.

 

Reflexiones sobre el cambio introducido en la formula de la Consagración del Vino en la Santa Misa.

 

 

 

Subsidios Litúrgicos

Por: Pbro. Carlos Macías.

Diócesis de San Fernando de Apure – Venezuela.

 

 

 

 

Cambio en la consagracion del vino

 

 

I.- Una importante Introducción

 

II.- La Novedad

 

III.- Razones del cambio

 

 

IV.- Artículo complementario

 

 

 

 

 

 

I.- Una importante introducción

 

La Ordenación General del Misal Romano (OGMR), publicada al comienzo del mismo volumen, es un importante documento que explica el modo de uso del Misal, las diversas partes de la Eucaristía, los elementos litúrgicos que se usan y las actuaciones de cada categoría de fieles. Es muy conveniente que el celebrante y todos los encargados de liturgia de las parroquias estudien este documento para poder usar el Misal con el mayor fruto posible.

 

El Concilio Vaticano II declara: «La Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza…. De la Liturgia, sobre todo de la Eucaristía, mana hacia nosotros la gracia como de su fuente y se obtiene con la máxima eficacia aquella santificación de los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios, a la cual las demás obras de la Iglesia tienden como a su fin» (SC 10).

 

El Misal es un elemento esencial de la celebración eucarística, pues contiene las oraciones y fórmulas sagradas que determinando a los gestos sacramentales constituyen la Eucaristía, la cual realiza con la «máxima eficacia», aquella santificación de los hombres y glorificación de Dios en que consiste el fin de la Iglesia.

 

 

II.- la novedad

 

Pero ciertamente el cambio más importante es el que se refiere a la traducción española –y también a otras lenguas modernas– de la fórmula de la consagración de la Sangre del Señor. Tratandose del corazón mismo del misterio de la Eucaristía, es decir, las palabras que Jesús ordenó pronunciar sobre el cáliz con vino y que, en virtud del poder sacerdotal del celebrante, tienen el efecto de convertir la sustancia del vino en la sustancia de la Sangre de Cristo, nadie más que el mismo Sucesor de Pedro podía tomar esta decisión. El Santo Padre Benedicto XVI decretó que la fórmula para la consagración de la Sangre de Cristo, para todos los países de lengua española fuera la siguiente:

 

Tomad y bebed todos de él,

porque este es el cáliz de mi sangre,

sangre de la alianza nueva y eterna,

que será derramada por vosotros y por muchos

para el perdón de los pecados.

Haced esto en memoria mía.

 

El cambio de la expresión «derramada… por todos los hombres» (como se usaba hasta  ahora) a la expresión «derramada… por muchos» es obligatorio.

 

 

III.- RAZONES DEL CAMBIO de «por todos los hombres» a «por muchos».

 

En este cambio hay dos problemas distintos: uno es la supresión de las palabras «los hombres» y el otro es la adopción de la fórmula «por muchos».

 

Dada la sensibilidad actual, la supresión de las palabras «los hombres» en la fórmula española era inminente. La fórmula «por todos los hombres» suena discriminatoria para las mujeres, las cuales parecen quedar excluidas. Ya en ámbito inglés se había pasado de «for all men» a «for all». Lo mismo se puede decir del italiano: «per voi e per tutti»; del alemán: «Für euch und für alle», etc.

 

Más relevante es el cambio de «por todos» a «por muchos».    A primera vista este cambio puede parecer que reduce la eficacia salvadora de la Sangre de Cristo. Ya no estaría «derramada por vosotros y por todos», sino «derramada por vosotros y por muchos». Pero, analizandolo con más detención, hay varios motivos que hacen preferible esta última fórmula.

 

a)           La fórmula «por muchos» es la que respeta mejor el texto del Evangelio.

 

Este es el principal motivo del cambio. Se trata de una mayor fidelidad a las palabras de Cristo que nos transmiten los Evangelios. He aquí los textos:

 

         Marcos 14,24:         «Derramada por muchos»

                                      «ekchynnómenon hyper pollón»

 

         Mateo 26,28:           «Por muchos derramada»

                                     «perí pollón ekchynnómenon»

                              

         Lucas 22,20: «Por vosotros derramada»

                                      «hyper hymón ekchynnómenon»

                              

En griego hay una palabra para decir «todos», y en los Evangelios se usa con bastante frecuencia: «pantes». La usa Jesús precisamente en esta misma fórmula: «Bebed de él todos…» (Mt 26,27). Pero allí el pronombre «todos» se refiere a aquellos «pocos» que estaban allí reunidos («comer la Pascua con mis discípulos», Mc 14,14). Por eso, al describir el efecto de su Sangre le da una extensión mayor: «derramada por muchos» (excepto Lucas: «por vosotros»). Hay que respetar la intención de los evangelistas Marcos y Mateo, que claramente usaron «polloi», «muchos». Estos textos no tienen problemas de crítica textual en el punto que nos ocupa: así fueron escritos por los evangelistas y así nos han sido transmitidos.

 

Es cierto que las palabras textuales de Jesús mismo no fueron dichas en griego, sino, probablemente, en arameo, que es la lengua que se hablaba en Israel en su tiempo. Pero no las tenemos en esa lengua. En todo caso, el texto inspirado es el griego. Sin embargo, en la retro-traducción al hebreo bíblico que hace el especialista en estas materias Delitsch también usa el «por muchos»: b℮ad rabbim. «Todos» en hebreo habría sido: kullam.

 

Lo que conviene, entonces, es tomar los textos como los evangelistas los escribieron –se trata de palabras esenciales de Jesús– y tratar de explicarlos; pero no cambiarlos. La fórmula «por todos», también se habría podido decir en el griego original, pero los evangelistas nos transmitieron las palabras de Jesús no con esa fórmula sino con las fórmulas «por vosotros» (Lucas y San Pablo) y «por muchos» (Marcos y Mateo). Esto es lo que hay que respetar.

 

b)           La fórmula «por muchos» es la fórmula latina y goza de más tradición

 

La fórmula de la consagración del cáliz ha sido traducida del griego al latín, juntando las tradiciones, por un lado, de Marcos-Mateo y, por otro lado, de Lucas-Pablo, respetando el texto griego: «sanguis... qui pro vobis et pro multis effundetur…». Así se ha usado durante siglos en todas las latitudes de la Iglesia Latina (se ha usado más que la traducción a cualquier lengua actual, porque en esos siglos la lengua latina era común en toda la Iglesia occidental para la celebración de la Eucaristía). Por vía del latín, la fórmula «por muchos» (pro multis) goza de una tradición mucho más larga que la fórmula «por todos» (habría sido «pro omnibus»).

 

c)           La fórmula «por muchos» no excluye a nadie

 

En la última cena, cuando Jesús pronunció las palabras de la consagración sobre el cáliz con vino, estaban ciertamente los Doce, excepto Judas, que había salido (cf Jn 13,30; en Lucas, Judas está presente), y probablemente otros discípulos, incluso mujeres. En la fórmula «por vosotros y por todos», los presentes están incluidos dos veces, porque el pronombre «todos» los abraza también a ellos. Habría bastado decir: «Mi sangre derramada por todos». Pero no se pudo usar esa fórmula, porque, entonces, el pronombre «todos» habría quedado ambiguo, teniendo distinta extensión en la misma frase: «Bebed todos (los pocos presentes)… mi sangre derramada por todos (los muchos hombres y mujeres)…».

 

En la fórmula propuesta para la consagración del cáliz Jesús distingue «vosotros» y «muchos». De esta manera se indica que esa actuación suya en ese momento –«vosotros»– se tendría que prolongar en el tiempo y en el espacio en favor de muchos otros –«por muchos»–. No sería esa la única actuación, como lo aclara él mismo: «Haced esto en memoria mía». La Sangre de Cristo se derramó en un punto del espacio –el Calvario– y una vez para siempre, y bastó para salvar a toda la humanidad del pecado, como afirma Santo Tomás de Aquino: «Me immundum munda tuo sanguine, cuius una stilla salvum facere totum mundum quit ab omni scelere» (Purificame a mí, pecador, con tu sangre, de la cual una sola gota puede salvar al mundo entero de todo pecado). Pero su eficacia se hace presente en cada punto del tiempo y del espacio en que se celebra la Eucaristía a favor de quienes participan en ella.

 

Además, dependiendo del caso, «muchos» puede significar un mayor número que «todos». En efecto, si el universo consta de pocas unidades, por ejemplo, tres o cinco o veinte (un equipo de fútbol son once), aunque se diga «todos», son siempre pocos. La palabra «muchos», en cambio, significa «todos» y, además, afirma que esa totalidad es numerosa. En el caso que nos ocupa «muchos» son millones de millones: los seres humanos que han existido, existen y existirán (nadie sabe cuántos son).  Una pequeña parábola puede explicar. Si yo voy a contratar un restaurante para un evento, a la pregunta del administrador: «¿Cuántos son?», la respuesta: «Todos» no le aclara nada, pues es indeterminada; en cambio, la respuesta: «Muchos» le hace entender que tiene que preparar todo el local.

 

En perfecta lógica, «muchos» no se opone a «todos», sino a «pocos». Al decir Jesús: «Por muchos», en cierto sentido, modera la respuesta dada por él a la pregunta: «¿Son pocos los que se salvan?» (Lc 13,23). Por otro lado, el contrario de «todos» no es «muchos», sino «algunos». Decir: «derramada por algunos» ciertamente sería reductivo.

 

Resumiendo: «muchos» no se opone a «todos», sino que puede significar, como en este caso, «todos» agregando la idea de «numerosos». Jesús no dice «todos», porque quiere distinguir los presentes en la Última Cena («Bebed todos») de los otros muchos, insinuando que esta no es la única actuación, sino que habrá muchas otras, con participación de muchos otros. Hay que considerar que el texto se escribió cuando la Iglesia celebraba la Eucaristía corrientemente. San Pablo, que escribió antes que los evangelistas, lo deja ver claramente: «Cuando se reúnen, pues, en común, eso ya no es comer la Cena del Señor; porque cada uno come primero su propia cena, y mientras uno pasa hambre, otro se embriaga...» (1Cor 11,20-21). La Cena del Señor ya era algo común entre los corintios, tanto que había habido tiempo incluso para que se introdujeran abusos. Esto es lo que reprocha San Pablo y da normas para evitarlos. Entre las normas, desgraciadamente, no entra en la decisión entre «todos» o «muchos». San Pablo representa la tradición de la cual participa también Lucas que insiste en el «por vosotros» y en la orden: «Hagan esto en memoria mía».

 

d)           Recurrencia de la fórmula

 

No es esta la única ocasión en que Jesús usa esta fórmula. La usa también cuando dice a sus discípulos: «El Hijo del hombre ha venido no a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos» (Mc 10,45; Mt 20,28). El Catecismo de la Iglesia Católica, enseñando que Dios tiene la iniciativa en el amor redentor universal, explica esa expresión de Jesús en estos términos: «Jesús afirma que ha venido a “dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20, 28). Este último término no es restrictivo: opone el conjunto de la humanidad a la única persona del Redentor que se entrega para salvarla (cf. Rm 5, 18-19). La Iglesia, siguiendo a los apóstoles (cf. 2 Cor 5, 15; 1 Jn 2, 2), enseña que Cristo ha muerto por todos los hombres sin excepción: “no hay, ni hubo ni habrá hombre alguno por quien no haya padecido Cristo” (Cc Quiercy en el año 853: DS 624)» (Catecismo N. 605).

 

Los sacramentos se definen sintéticamente como «signos eficaces de la gracia que significan». Una vez puesto el signo –por medio de palabras y gestos– e inducida su significación, es el Espíritu Santo quien realiza el efecto significado, en el caso de la Eucaristía, la conversión del pan en el Cuerpo de Cristo y del vino en su Sangre. La significación se puede inducir con igual claridad con el cambio de la formula de la consagración.

 

La Eucaristía tiene como significación última la unidad del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, es decir, aquel anhelo profundo expresado por Cristo en su oración sacerdotal: «Que todos sean uno: como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros» (Jn 17,21).

 

 

IV.- ARTÍCULO Complementario. VER.

 

 “Derramada por Vosotros y por muchos”. Por el Pbro. John Jairo Rivera.

Boletín VIDA DIOCESANA de la Diócesis de Sonsón – Río Negro (Colombia). Agosto 2008. Pág. 11.

 

 

 

 

 

 

 

 

Cambio en la consagración del vino

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

-Subsidios Litúrgicos-

Por: Pbro. Carlos Macías.

Diócesis de San Fernando de Apure.

VENEZUELA - Mayo 2010.

 

 

República Bolivariana de Venezuela - Diócesis de San Fernando de Apure
email: webmaster@diocesisdesanfernando.org.ve
Todos los Derechos Reservados