Estado Apure - Venezuela
¿Qué significa ser Discípulo?
N
adie
nace discípulo de Jesús. Para ser Discípulo
es necesario la conversión; es decir el cambio de mentalidad.
Es doloroso decirlo, pero para mucha gente no es normal ser bueno;
no es normal pensar como piensa Jesús, actuar como actúa
Jesús. Lo normal, lo espontáneo parece ser otra
cosa... Ser discípulo, entonces, exige un renacer (Juan 3,16).
Es difícil porque uno llega a acostumbrarse a todo, incluso (y
sobre todo) llegamos a acostumbrarnos a nosotros mismos, a nuestros
defectos, a nuestro pecado. Y buscamos cualquier cosa que nos
justifique tal y como somos, que no nos incomode, que no cambie
nuestro panorama.
Cuando uno cambia (conversión), por un lado va conquistando la Vida eterna que ofrece Jesús, y por otro, vamos adquiriendo una mentalidad radicalmente nueva de todas las cosas. Una mentalidad tan radical, que su fundador, Jesucristo, fue considerado un loco. Por eso el cristiano, si es autentico, será siempre un exiliado... un signo de contradicción. Es un pasar de mi mundo, al mundo de Dios; de mi horizonte, al horizonte de Dios... ese es el cambio de mentalidad que origina el discipulado. De luchar por los primeros lugares a luchar por los últimos... "El que quiera ser el primero... que sea el último". De modo que lo que nos hace dichosos no es el prestigio, el poder o andar a la moda, sino la pobreza, el ser perseguido. De modo que te convenzas de que la mejor venganza es el perdón (Mateo 10, 18).
Es
encontrarse con Jesús, entrar en su mundo, saberse iluminado
por su Luz y así aprender a razonar de otro modo. Ser
Discípulo es, entonces, adquirir un modo de razonar que
difiere "del mundo", que no busca la gloria humana, que asume la
realidad divina aún a pesar de la cruz: ser discípulo
es sentirse contento por ser juzgado a causa del seguimiento de
Cristo. Es entregarse completamente a esta locura del amor. Porque
cuando se ama, se hacen locuras, si no, nunca amaste. Y es una
realidad eterna. Esta conversión, esta relación de
amor, si es verdadera, es para siempre.
Si lo dejas, es que nunca te encontraste con Él. Ser discípulo implica perseverar: una consecuencia inevitable. Y se trata de perseverar con Jesús en sus tribulaciones (Lucas 22,28). El Discípulo debe estar preparado para la prueba, para enfrentar al enemigo. Pero no estoy pensando tanto en enemigos de afuera, sino me refiero al enemigo que soy para mí mismo. Y el peligro es que uno se acostumbra a todo, hasta se acostumbra a uno mismo, es decir, a esta persona que no ha terminado de ser discípulo de Cristo, a este YO egoísta que busca siempre el primer puesto, el estar siempre al frente. Este es el enemigo contra el que lucha el discípulo. Finalmente, y quizás lo más duro: los discípulos son los que están dispuestos a dar la vida por el maestro (Juan 15,13). Ser Discípulo implica llegar a pedir la gracia de entregar la vida por el maestro. "El discípulo, el llamado por cristo, se encuentra, se reviste de Él y asume su estilo de vida en un proceso de constante conversión".
Cardenal Oscar Andrés Rodríguez Madariaga.
Arzobispo de Tegucigalpa - Honduras.
Tomado del Boletín de la Pontificia Unión Misional (PUM). Nº 53. Septiembre - Diciembre 2009.