Estado Apure - Venezuela
Homilía en la Misa de Acción
de Gracias por inicio del proceso de Beatificación de Sor Lucía del Niño Jesús
y la Santa Faz
Pbro. Carlos Macías.
San Fernando, 06 de Febrero del 2010.
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Excmo. Sr. Víctor Manuel Pérez Rojas, Obispo de la Diócesis de San Fernando de Apure, Sres. Presbíteros de la Diócesis, Rvdas. Madres Carmelitas Descalzas del Carmelo de Santa María de la Consolación de la Montaña de Rubio, Rvdas. Hermanas de las diferentes comunidades Religiosas aquí presentes, queridos hermanos y hermanas en el Señor, fieles venidos para tan gran celebración.
Hoy nos hemos reunido en esta Santa Iglesia Catedral de San Fernando de Apure, para celebrar con gozo esta Acción de Gracias a Dios por los dones que nos ha concedido, de manera especial, porque el pasado 4 de septiembre del año próximo pasado, Su Santidad el Papa Benedicto XVI por medio de la Congregación para la Causa de los Santos, ha dado el Nihil Obstat para que se empiece el Proceso de Canonización de la Sierva de Dios Sor Lucia del Niño Jesús y de la Santa Faz.
Ahora bien, cabe la pregunta ¿quién es Sor Lucía del Niño Jesús y de la Santa Faz?, ¿por qué celebramos y nos alegramos por esta declaración? ¿qué tiene que ver con nosotros esta Monja de Clausura? . Pues bien una de las cosas que tenemos que tener en cuenta es que fue una cristiana católica, que optó por el seguimiento a Cristo en una vida de perfección, a través del cumplimiento de los votos evangélicos. También, y si se quiere lo más importante para nosotros, es que es una coterránea nuestra, una paisana de esta tierra apureña, una hija de nuestro pueblo, de San Fernando de Apure.
Sor Lucía del Niño Jesús y de la Santa Faz, nombre de religiosa Carmelita Descalza, para el mundo Mireya Asunta Escalante Inecco, su nombre de pila, nació en esta ciudad de San Fernando el 2 de octubre de 1918, fiesta de los Santos Ángeles Custodios.
Hija del Prof. Don Miguel Ángel Escalante, andino venido de Mérida, hombre inteligente y culto que fue educador en esta ciudad, fundador del liceo llamado en su tiempo “Francisco de Miranda”, hoy día “Miguel Ángel Escalante” y de Doña Carolina Inneco Mirabal, hija de padre italiano y madre apureña, cariñosamente llamada Doña Carola.
Mireya Asunta, Sor Lucía, recibió el Bautismo de manos del Padre Serafín Cedeño, en la antigua Iglesia Parroquial de San Fernando, el 27 de julio de 1919, en este mismo lugar donde hoy nos encontramos. Fue una niña ocurrente, espontanea de carácter alegre, siempre rodeada de niños, que al igual que ella eran traviesos, con esas travesuras propias de esos primeros años de infancia. Estudió primaria en la escuela “Antonia Esteller” de esta ciudad y luego estudiará la secundaria entre el Colegio Ntra. Sra. de Lourdes de Valencia y el último año en el Liceo “Francisco de Miranda” que había fundado su padre. En 1940 recibe el Bachillerato en Filosofía acreditado por la UCV, y en 1945 recibe constancia de haber cursado el quinto año de Medicina, también en la UCV.
Sin embargo, Mireya sentía el llamado del Señor a servirle y a entregarse, aun no sabía cómo, pero con oración y ayuda espiritual de algunos sacerdotes, encontró el ánimo necesario para dejarlo todo, inclusive sus estudios, su familia, por seguir a Jesús. “El amor a Jesús da fuerzas y alegría” dirá con la santa Carmelita de Chile, Santa Teresa de los Andes. Esto es lo que va a buscar para el centro de su vida, la joven Mireya Asunta, que toma la vida de Carmelita Descalza. Aunque dirá a sus hijas esta afirmación: “No he querido ser monja, he deseado ser santa”, invitación que también ha de servirnos a todos nosotros, pues todos, los aquí presentes estamos llamados a ser santos, en el lugar donde el Señor nos ha puesto.
Mireya Asunta, Sor Lucia, decide ser Carmelita Descalza, en un estilo de vida contemplativa, una forma de oración y de vivencia, que unificados en un amor profundo a Dios, llevan a la inteligencia y al corazón, al conocimiento humano de la realidad Divina, en otras palabras disfruta de una presencia que admira y adora, Dios mismo.
Para hacer realidad en su vida este llamado que el Señor le había hecho, tuvo que sortear algunos inconvenientes, ¿Quién ha dicho que seguir a Jesús es fácil? En principio la oposición de su familia, su padre le negó toda ayuda económica, con lo cual ella no se amedrentó, sino que más bien esto la llevó a vender todas sus joyas y los bienes que había ido adquiriendo, para lograr así su objetivo de irse a algún Carmelo donde se pudiera formar. Al enterarse don Miguel de esto, él mismo por medio de otros, compraría a su hija las cosas que estaba vendiendo, y entonces decide ayudarle. Luego el ingreso a algún Carmelo en Europa, pensó en Lisieux, el de Santa Teresita, pero no fue posible. Entonces decide por alguno de América del Sur, y es así como va a parar a Chile. El 9 de abril de 1945 ingresa al monasterio y el 9 de octubre toma el hábito y el nombre de Sor Lucía (por santa Teresa de los Andes que así se llamaba en el mundo) del Niño Jesús y de la Santa Faz ( por santa Teresita de Lisieux), había así obtenido su cupo para vivir y morir como Carmelita Descalza. El 10 de octubre de 1949, pronunció sus votos solemnes y luego recibió el velo negro con lo cual abrazaría este camino de perfección para toda su vida.
Esta inquieta mujer, durante sus años en Santiago de Chile, durante mucho tiempo sintió, motivada por algunas de sus Hermanas, y de algún sacerdote la necesidad de volver a Venezuela, para hacer aquí en su tierra la Restauración del Carmelo, el cual había sido suprimido en 1874 por Guzmán Blanco. Desde esa fecha hasta la llegada de Sor Lucía a Caracas habían transcurrido 83 años de la expatriación de las Carmelitas de Caracas. Es asi como en diciembre de 1954, llega a Venezuela y en febrero de 1955 viaja a España en busca del apoyo de algunos conventos de Carmelitas Descalzas, para poder traer el personal necesario para dicha restauración y también para buscar aportes y ayudas para la fundación. Con un total de once monjas procedentes de diferentes conventos españoles y con dos venezolanas, ella incluida comienza esta labor la madre Lucia. Labor esta marcada por la Cruz, pues como toda obra humana, también tiene sus altibajos, cosa a la cual no escapó esta primera fundación. Esto queda reflejado en un escrito de Sor Lucia, en el cual deja ver un diálogo que sostuvo con el Nuncio Apostólico de esa época Mons. Giuseppe Siri:
“Monseñor, vengo a despedirme”
“El que se mete a redentor, muere crucificado. ¿usted tiene el valor de dejarle la cruz de nuestro Señor tirada en el suelo?
“No, Monseñor”.
“Bueno, su obligación es quedarse, siga con su cruz, no se vaya”.
Es asi como comienza una serie de hechos que van a dar con otras fundaciones de otros Carmelos aquí en Venezuela: Mérida, San Pedro de los Altos; en el estado Miranda, (trasladado a Escuque, estado Trujillo), San Cristóbal; en el estado Táchira, Rubio; en el estado Táchira, La Guaira, y en mayo de 2001 en Monterrey Mexico, donde pone bajo la maternal protección de Santa María de Guadalupe, no sólo este monasterio, sino a sus hijas espirituales y sus Palomarcitos (como solía llamrlos) es decir sus Monasterios.
Luego de tanto ajetreo y como es lógico la vida va llegando a la hora del atardecer, al ocaso, al fin. En el monasterio de Santa María de la Consolación de la Montaña, en Rubio estado Táchira, vive sus últimos años de vida, este Monasterio será una casa de paz, de serenidad para la Madre. Aquí empezó a ver la Madre el lugar donde iba a tener su sitio para el reposo final, donde esperará la resurrección de los muertos. Junto con su comunidad acordó llamar el cementerio de este Monasterio “Le Reposoir” el lugar del descanso, ella misma pidió a la Superiora se construyera pronto este lugar y así fue meses antes de su muerte, estuvo terminado. Ella iba allí con frecuencia, para hacer sentir y comprender lo que es la esperanza de un creyente en el amor de Dios.
Así vivía en Rubio, caminando hacia lo eterno, sin olvidar ni descuidar lo temporal y concentrada en la formación de sus hermanas. Lentamente los viajes de fundadora llegarán a su final y cerrándose los caminos de este mundo se abrirán las sendas del más allá, del mismo Corazón de Jesús, del cual fue muy devota.
Cada vez su salud iba en detrimento y a pesar de esto pudo ver el acto litúrgico de la consagración de la Capilla del Monasterio, el 14 de agosto de 2003, acto realizado por el Obispo de San Cristóbal Mons. Mario Moronta. Transcurrió ese mes de agosto y con él la vida de la Madre Lucía, llega el mes de septiembre, el día 4 pudo hablar y le recordó a una de las hermanas el modo de tocar las campanas para anunciar su partida, a eso de las 4:25 de la tarde, dejaba este mundo Sor Lucia del Niño Jesús y de la Santa Faz, justamente la hora en que hacía su entrada triunfal a la ciudad de Rubio, la imagen de Nuestra Señora de Coromoto, patrona de Venezuela.
El sepelio se efectuó el día 6 de septiembre, presidido por Mons. Moronta, allí se esbozaron los rasgos más característicos de la vida de esta mujer de Dios. Una vida de entrega incondicional se cerraba en su aspecto temporal y se abría a la luz de lo eterno. El amor y servicio a Dios, a la Iglesia y a todos los seres humanos que en este mundo ofrendó Mireya Asunta Escalante Innecco, en la vida religiosa Madre Lucia del Niño Jesús y de la Santa Faz, será para siempre la nota distintiva de su personalidad ante la misericordia y la majestad de Dios. Siempre amando a los suyos, sus familiares, sus Hermanas, su vida, pues bien sabía ella lo que decía aquel insigne Carmelita, llamado también reformador San Juan de la Cruz, “al atardecer de la vida seremos examinados en el amor”.
Como se ha visto la Madre Lucía del niño Jesús y de la Santa Faz, era una mujer de mucho empuje y tesón que no se amilanaba con nada, podríamos decir con el dicho llanero de estas tierras, su tierra, “el llanero es del tamaño del compromiso que se le presenta”. Su vida, una vida llena de responsabilidades espirituales, vivida por un amor ardiente a Dios, por el cumplimiento de su voluntad, antes que nada, y así solo Dios con su gracia, inspira, colabora y corona estas obras que la Madre Lucía pudo realizar. Siendo la oración, prácticamente el quehacer espiritual de la Madre y sin descuidar ésta, poder estar atenta a cumplir sus labores como monja, como fundadora y restauradora.
La vida de la Madre Lucia, tiene que ser para las nuevas generaciones, un modelo de vida, de compromiso, de atención a la llamada del Señor, de entrega total y generosa por la causa de Cristo y de su Iglesia. Un cumplir con la vocación recibida, un camino que nos muestra que también nosotros podemos llegar a ser santos, “no quiero ser monja, deseo ser santa”, porque en el lugar que Dios nos ha dado en el mundo, en ese lugar debemos buscar la santidad de vida. Que cada quien pida al Señor las luces necesarias para hacer su voluntad. Recordando con la gran Doctora de Ávila, Santa Teresa de Jesús: “Nada te turbe, nada te espante… Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene, nada le falta, solo Dios basta”.
Que nuestra Señora del Carmen (del Monte Carmelo), copatrona de nuestra Diócesis de san Fernando de Apure, nos de la gracia de ayudarnos en este empeño de seguir a Cristo, viendo el modelo de vida presente que encontramos en la Madre Lucia del Niño Jesús y de la Santa Faz y lleguemos al Señor, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.