Estado Apure - Venezuela
San Fernando, 11 de Octubre del 2009
El Santo Rosario nos ayuda a recorrer este tiempo de Gracia
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Mons. Víctor Manuel Pérez Rojas Obispo de San Fernando de Apure |
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Damos la bienvenida al mes de Octubre, y para ello nos acompañan muchos signos que nos ayudan a comprender la grandeza de la vida cristiana, con todo lo que ello implica. En todas las Parroquias y en muchos colegios y escuelas se ha realizado la celebración de la intronización de la Palabra. En efecto, Octubre es el mes de la Biblia; es también el mes de las misiones, del inicio de la Catequesis y del Rosario. Verdaderamente se trata de un tiempo de Gracia; es decir, un tiempo en el que Dios bondadosamente derrama abundantes gracias, de manera especial, sobre todos aquellos que creen y siguen a su Hijo, nuestro Divino Redentor.
Todo va de la mano: Misiones,Biblia,Catequesis y María. Y la dimensión mariana, no por estar de última es menos importante. María es y debe ser para el cristiano como la clave para comprender el sentido profundo de las otras tres realidades (Misión, Palabra y Catequesis) y al mismo tiempo modelo a seguir para crecer en el discipulado y poder recibir del Señor 'Gracia tras Gracia' (Romanos 1,5). Así lo refiere el Documento de Aparecida: 'El pueblo Cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como recibiéndolas de las mismas manos de la Madre del Redentor' (Aparecida Nº 271).
María es la clave pero no el fin último, que siempre es Dios. Por eso, a través del santo Rosario, la Iglesia, es decir todos nosotros, lo que hacemos es recorrer los momentos ejemplares de la vida de Jesús, junto al cual siempre estuvo la Santísima Virgen María. Con el Rosario los cristianos aprendemos a 'asociarnos a la voz de la madre que bendice, da gracias y alaba a su Señor; a escuchar y meditar asiduamente la palabra de Dios; a implorar como Ella el don del Espíritu Santo; a invocarla para que interceda por el pueblo cristiano; a ser misericordiosos y humildes; a observar la ley del Señor y hacer su voluntad; y finalmente, a estar vigilantes en la espera del Señor que viene' (Concilio Plenario, Doc. 10 Nº 66).